jueves, 10 de marzo de 2011

The Bronkus, reseña Capitalismo Gore

Nueva Reseña Macgregoriana: Capitalismo Gore

FICHA DE LA EDITORIAL

Capitalismo Gore de Sayak Valencia es un potente y dramático ensayo que describe una problemática que está de vigente actualidad sobre todo en países latinoamericanos o fronterizos relacionados con el narcotráfico y que consiste en el uso de “técnicas predatorias de violencia extrema como el secuestro o el asesinato por encargo” (pág. 15) como herramientas de para alcanzar un mayor poder y capital. Y lo hacen con total impunidad hasta tal punto que lo criminal se encuentra perfectamente integrado dentro del sistema capitalista, como elemento fundamental que le aporta solidez y fundamento. Un ejemplo muy significativo es el de los narcotraficantes mexicanos los cuales se ocupan del desarrollo agrícola de su país (para producir droga) pero además se encargan de la financiación de infraestructuras para mejorar su nación como la construcción de autovías, escuelas, hospitales e incluso iglesias o hacen donaciones de gran cuantía “a cambio de que los sacerdotes rocíen agua bendita sobre los cargamentos de droga que intentan ingresar en los Estados Unidos.” (Pág. 72)

Podemos definir entonces con total rotundidad como Capitalismo Gore a aquel que a través de prácticas sangrientas trafica y comercia con las vidas de los seres humanos a cambio de conseguir un mayor poder no sólo económico sino también político. Sayak Valencia lo sitúa en los países del Tercer Mundo y en las fronteras entre éstos y el Primer Mundo. En su opinión, el Capitalismo Gore surge como consecuencia y para dar respuesta al Hiperconsumismo impuesto desde los países más poderosos a los más pequeños. Así, mediante hábiles técnicas de marketing consiguen crear en la población de estos países una serie de (falsas) necesidades que no pueden cubrir debido a la falta de oportunidades laborales, la pobreza o a la mala gestión de sus políticos. En ese sentido, el cine, la música, los videojuegos, el arte y la literatura fomentan la idea que gracias a la violencia, el asesinato, la intimidación o cualquier otro tipo de actividad delictiva uno puede hacerse rico fácilmente. Además, en muchos casos, los criminales se presentan con frecuencia de manera atractiva, como modelo a seguir. Así, al mafioso, al criminal, al asesino (definidos por Sayak Valencia como sujetos endriagos) se les considera (y se consideran a sí mismos) como triunfadores. Un ejemplo muy claro de esto que digo (citado en el libro por la autora) lo representa el comando armado mexicano denominado Los Zetas, conformado por ex militares de los ejércitos mexicano y salvadoreño (es decir máquinas de matar que han sido entrenadas por el gobierno), quienes forman el brazo armado o ejército privado del llamado cártel del Golfo y cuyas prácticas violentas consisten (entre otras) en videograbar las decapitaciones de sus víctimas en tiempo real para subirlas después a un famoso portal de vídeos de Internet y utilizarlo así para amenazar o intimidar a la población.

Hasta tal punto están seguros de su total impunidad estos sujetos endriagos que ni siquiera se molestan en ocultar o negar sus crímenes o delitos sino que que más bien los pregonan (lo hacen a plena luz del día y sin que nadie lo impida) fomentando así una cultura de glorificación de lo criminal. Es el caso de los narcotraficantes mexicanos que han llegado incluso a crear y fomentar una “narcocultura” que se pone de manifiesto a través de una indumentaria peculiar, una música de fondo (los narco-corridos), un subgénero cinematográfico y prácticas de consumo y un potente estatus social. De igual modo y como consecuencia lógica de todo lo anterior, el Capitalismo Gore deriva inevitablemente en la exaltación de un machismo feroz y agresivo en el que la mujer tiene un papel ínfimo, casi inexistente; sólo (en la mayor parte de los casos) como objeto más de mercancía.

En el caso de México podríamos hablar incluso de una suerte de Narco-nación ya que el narcotráfico es el que se ocupa y no el Estado de cubrir las necesidades de la población civil y de que éstas se vean atendidas mediante la construcción y el patrocinio de escuelas, hospitales, infraestructuras diversas. A cambio cuentan con el encubrimiento y el silencio de la población civil. De igual modo, el Estado consigue pingües beneficios ya que como excusa para proteger y defender a una población presuntamente atemorizada por estos criminales puede llegar a proclamar el estado de excepción y como consecuencia la instauración del autoristarismo y un mayor control de la ciudadanía.

Ésta es, en resumidas cuentas, la tesis que defiende Sayak Valencia aportando abundante información sobre el asunto y proponiendo soluciones:

“Para cambiar este orden de cosas es necesario dejar de ejecutar una serie de comportamientos que nos vinculan con el culto a la violencia. Por ello, debemos evitar romantizarla y rodearla con un halo de glamour, así como hacer de ella un tema intrascendente. Evidenciemos que los medios de comunicación contribuyen a rendirle culto a través de su espectacularización y sobreproducción, al mismo tiempo que no nos informan de sus consecuencias reales. Basta de admirar las técnicas de la violencia sobreespecializada y de idolatrar en el imaginario colectivo a los asesinos a sueldo, a los psicópatas, a los gobernantes tiranos y a los mafiosos que se enriquecen destruyendo cuerpos. Basta de deificar este nuevo orden necrofalologocéntrico.” (Pág. 197)

JOSEPH B MACGREGOR

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