martes, 8 de octubre de 2013
lunes, 13 de mayo de 2013
Capitalismo gore, transfeminismos y paz radical
martes, 5 de marzo de 2013
Capitalismo Gore, UNAM 2012
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miércoles, 2 de enero de 2013
Teotihuacan a go gore!. Aullidos y disonancias de Tierra Caliente a la Patagonia
Said Dokins/ Julio García Murillo
Paula Arrieta
Camila Bralic
Cynthia Shuffer, a partir de fotografía Natalia Molina.
Paula Arrieta
Disyunciones sobre el universo delincuencial mexicano - Israel covarrubias
Manifiesto #YoSoy132
Manifiesto – Arte por la izquierda
Manifestaciones y Organizaciones de la Sociedad Civil: ¿De las redes a la calle? - Comité Invisible Jaltenco
El primer día del nuevo sexenio en San Lázaro - Pablo Spencer
Comunicados: Partido Democrático Popular Revolucionario-Ejército Popular Revolucionario - Compilación del Centro de Documentación de los Movimientos Armados
Apariciones – Said Dokins
Obra negra – Javier Santos
Muerte paralela – Lapiztola
Welcome to México – Yescka
AFUERA. Encuentro internacional de arte urbano en Cerro de Pasco. Perú.
Obra de Fernando Caridi. Chile
El relato de Chile, la repartición de los cuerpos. Por Blanca Guitiérrez Galindo
viernes, 10 de febrero de 2012
PRÓXIMAS PRESENTACIONES EN MÉXICO DEL LIBRO "CAPITALISMO GORE"
sábado, 21 de enero de 2012
domingo, 18 de diciembre de 2011
Maruja Torres en El País Semanal
Cuando ustedes lean esto, y si todo ha ido bien, me encontraré en Roma disfrutando de la tenue iluminación navideña de aquella ciudad del sur del euro, y del calor de dos de mis grandes amigas, Irenísima y Francescona, que es como decir Nueva York a principios de los noventa -un antiguo speakeasy, bourbon, furiosas charlas sobre literatura- y Beirut a mediados de la primera década de este siglo, gintonics al atardecer en la terraza superior del hotel L'Albergo e irónicas conversaciones sobre la guerra. Cuando el año termina es conveniente visitar a los que nunca nos fallaron, ni llevan camino de hacerlo.
"El mundo está hecho un asco, pero el periodismo será mejor"
Pero mientras escribo ahora me encuentro en el agostado terreno de la despiadada realidad. Por una parte, el pimpante Cuarto Reich nos engulle, y esta vez sin que se produzcan heroísmos a lo Casablanca: más bien en estrecha colaboración con La Marsellesa. Medievalmente, Arabia Saudí nos confirma que toda aberración puede convivir en un mismo plano temporal. Allí, los machos dominantes claman que, de permitir a las mujeres que conduzcan, se producirá una pérdida simultánea de la fidelidad, la virginidad y la exclusividad (¿nada sobre la depilación al caramelo?), con el consiguiente aumento de la disminución de control viril por parte de los tripudos caballeros. Pero, tontines: si no tienen pasaporte, ¿no veis que no pueden huir de vosotros, que es lo primero que tendría que hacer cualquier saudí sensata al verse al volante de su propio Ferrari? Lo suyo sería enviar a ese fascinante país tan amigo de Occidente a una legión de psicoanalistas argentinas no lacanianas, para someterles -a ellos, claro- a una brutal terapia de grupo. En fin.
Asistimos también al renacimiento de un género periodístico: el desechable es el reportaje. Ah, ¿quién dijo que los periodistas estaban acabados? Puede que hasta yo misma, en un momento náufrago. Pues no. Poco a poco, y pese a las dificultades añadidas por la coyuntura a los problemas que siempre tienen los colegas, la profesión ha ido recuperando su verdadero espíritu: el de buscar porquerías y sacarlas a la luz. Son tantas las basuras morales que se acumulan a nuestro alrededor, especialmente en el terreno de las ex prestaciones sociales, que lo que fue un mero suelto perdido en un rincón de la página -"Fallece de frío un vagabundo a la puerta de una tienda de Gucci"- se ha convertido en una sólida cantera proveedora de temáticas.
Nunca tantas personas a la vez, durante tanto tiempo y por culpa de tan poca gente habían pasado, de un plumazo -yo empezaría a usar la palabra masazo, de Artur Mas- a ejercer la condición de desechables, a merced de que cualquier plumilla se les acerque y les interrogue. Y digo plumilla como sinónimo: un reportero armado con cualesquiera que sean los útiles tecnológicos que precise.
Entiéndanme, esto no es una queja. Bien al contrario. El mal que supura nuestra sociedad tiene que ser puesto en evidencia, y cierto es que cada vez más los medios -cada vez más digitalizados, añado- dedican mayor espacio a las tragedias individuales producidas por el capitalismo gore (me adueño de la acertada definición de la escritora Sayak Valencia). Se produce el hallazgo de la víctima -si viva todavía, se la interroga-, se realiza el seguimiento de la noticia, hablan los parientes, se inician los pleitos... Magnífico. Esta labor periodística tiene como objetivo no sólo informar, sino, como decíamos cuando yo era joven, ayudar a tomar conciencia. En los dos sentidos: de ser consciente y de que la injusticia te duela por dentro. Sólo una sociedad informada puede acceder a ese estadio superior del ser humano que es el dolor por la arbitrariedad y la crueldad padecidas por otros, y pasar de ahí a la tolstoiana pregunta "¿Qué podemos hacer?". Y así, rumiándolo, quién sabe.
Creo que un excelente complemento de este tipo de periodismo sería ir a donde los responsables -y culpables- y, sin llegar al acoso que acecha a la Campanario, por poner un ejemplo, sacar a la luz quiénes son, a qué dedican el tiempo libre, cuánto ganan por matar con decretos, a qué colegio van sus hijos, a qué mutua pertenecen...
El mundo está hecho un asco, pero el periodismo será mejor.
sábado, 3 de diciembre de 2011
Entrevista en el periodico Tribuna de Querétaro, diciembre 2011
Vivimos bajo “democracias fascistas”: Sayak Valencia
| Monday, 28 November 2011 02:08 |
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Por Hilda Mariela Barbosa Suárez “En la época contemporánea, las democracias son democracias fascistas: en realidad exigen muchísimo a los ciudadanos y no les ofrecen nada”, sentenció Sayak Valencia Triana, doctora en Filosofía, Teoría y Crítica Feminista por la Universidad Complutense de Madrid, y autora del libro Capitalismo Gore, el cual se presentará en el auditorio Fernando Díaz Ramírez la tarde del lunes 5 de diciembre. De acuerdo con la académica, es necesario pensar en que el capitalismo no es la única opción posible sino que existen otras más. Además, se pronunció a favor de reestructurar su sistema de bienestar, por lo que el Estado tendría que volver a brindar estos beneficios a la sociedad.
“Una de las cosas a estructurar del sistema capitalista es el bienestar, donde el ciudadano esté por encima del dinero en vez del sistema financiero, el cual está en el tope de prioridad de todos los gobiernos y no tiene ningún sentido”, criticó la también cofundadora del grupo feminista interdisciplinario La Línea. “Erradicar el capitalismo es una profecía” La también artista del performance aseguró que se puede hablar de una reestructuración del sistema capitalista, pero no de una erradicación, ya que es una hipótesis que no va a ocurrir en mucho tiempo y no tiene una idea de lo que pasaría porque sería casi una profecía. “En realidad lo que tengo es ganas de que se haga un diálogo, que se hagan actividades pequeñas, pensar en micro críticas como se les denomina y no en grandes utopías en las que se transforma el mundo a nivel global, creo que se debe pensar y transformar primero a nivel local para luego hacer los grandes cambios globales”, manifestó Sayak Valencia. La autora del libro El reverso exacto del texto señaló que se debe pensar en un modelo que complemente al capitalismo, ya que los que “vivimos en el subconsumo sabemos que no se puede vivir de esta manera que propone el capitalismo, lo importante es reflexionar las posibilidades que tienen otros modelos económicos para complementarse (…) porque se llevaría tiempo eliminar el capitalismo, sería algo utópico”. Al hablar del sistema que podría complementar al capitalismo dijo que no propondría ninguno, pero consideró al socialismo como un sistema de pensamiento interesante, mas no como un modelo que podría sustituir al capitalismo, ya que como sistema económico no tiene relevancia, ya que también tiene sus fallas, y lo que se debe construir es una economía sustentable. Por otra parte, Valencia Triana indicó que el capitalismo es un sistema complejo por lo que no es una persona que satanice ese sistema per se, ya que considera que la producción y el modelo capitalista “llegó a un salto cualitativo”. Valencia Triana aseguró que en América Latina el sistema capitalista está en crisis desde hace 40 ó 50 años y las estrategias para su combate han sido cotidianas y no funcionan, por lo que se está reflejando en México y Colombia con la violencia. La doctora en Crítica Feminista por la Universidad Complutense de Madrid aseguró que la violencia es un reflejo de lo que le espera al primer mundo, ya que se está “tercermundizando”, y eso obedece a cuestiones políticas, económicas y a la distribución de la vulnerabilidad. Respecto a los motivos por los que la crisis se presenta primero en los países tercermundistas, señaló que obedece a que son las ex colonias, por lo que en ellas ha sido la experimentación de toda la precariedad existencial en la que se ha vivido, ya que “si bien ya no están aquí como colonizadores, sí nos están colonizando económicamente”. Capitalismo Gore, una forma de economía en la frontera mexicana La autora del libro Capitalismo Gore puntualizó que decidió utilizar el término “gore” para designar la forma de economía que tienen en la frontera de México, la cual tiene que ver con la interpretación del neoliberalismo y de las lógicas del hiperconsumo en el mundo globalizado. Además, consideró que la forma en que se presenta en México, un país que “está mal en la economía”, es a través de la violencia y del narcotráfico. “A través de todas esas cosas que estamos conociendo cada vez más por los medios de comunicación, de alguna manera el Capitalismo Gore sería el capitalismo que se empodera a través del asesinato de la violencia y que cobra vidas todos los días. Sayak Valencia Triana recordó que resolvió utilizar la palabra “gore” ya que es una imagen muy concreta del cine por lo que las personas saben lo que se quiere expresar al utilizar esa frase, pues se apela al imaginario colectivo que se comparte en el momento contemporáneo. Aseguró que Capitalismo Gore no sólo se refiere a la violencia en Tijuana o en México, sino a la violencia con una columna transversal que está estructurando el paisaje socioeconómico y político del mundo, ya que si bien ella nació en Tijuana, un lugar en el que “siempre hay violencia”, en el resto del país, principalmente en el centro y en el sur es un fenómeno que se está presentando desde apenas hace cinco o siete años. Consideró que al escribir un libro con un tema de esa relevancia sería una forma de ponerle un nombre a la situación que tiene temerosos a los mexicanos, además de que la única forma en que se puede resolver el problema es “poniéndole nombre y una taxonomía para poder pensar y transformarlo”. “Nos han colonizado mentalmente” Valencia Triana lamentó que el machismo es un eje central de la violencia en México y que afecta a la economía y empodera a los narcotraficantes. La cofundadora del grupo feminista interdisciplinario La Línea señaló que redactó el libro con una perspectiva filosófica, al dejar de lado el enjuiciamiento moral, ya que se debe “complejizar” el fenómeno de la violencia y hacerlo que se tenga una crítica a la “colonización mental” que tienen los ciudadanos. “Estamos muy colonizados mentalmente. Todavía lo bárbaro lo vemos como si fuera lo otro, pero no nos damos cuenta que seríamos lo mismo. Hay que complejizar el problema, el libro no es una denuncia, no digo nombres ni apellidos porque no busco explotar el morbo sino una forma de pensamiento respecto a la violencia como fenómeno global”, explicó. Además dijo que se debe pensar en la responsabilidad que los ciudadanos tienen ante la ola de violencia en el país, ya que todo este problema tiene una “gran carga de responsabilidad civil” que los ciudadanos no están asumiendo. Finalmente, Sayak Valencia manifestó que las críticas que se hacen al narcotráfico, se hacen desde la victimización o desde la religión y esos son “lugares comunes” que ya están transitados y lo que ella buscaba era una forma “novedosa” de abordarlo y que se pueda resolver. |
domingo, 27 de noviembre de 2011
miércoles, 3 de agosto de 2011
Mafias, capitalismo gore y transfeminismo
Un café con Sayak Valencia
PIKARA MAGAZINE
Son las seis de la tarde y Sayak Valencia (filósofa, poeta, ensayista, exhibicionista performática y doctora europea en filosofía, teoría y crítica feminista) conduce con su hermana por el boulevard Insurgentes en Tijuana, hablando de las cosas que una habla con su acompañante mientras conduce.
El vehículo de delante es un pick up negro, sin matrícula. Lleva la cajuela repleta de bolsas negras de basura.
En un vado una de las bolsas salta y se desgarra, dejando caer al asfalto el torso descuartizado de un hombre que aún conserva la cabeza. Un hombre joven, moreno, de ojos grandes.
Sayak esquiva el cuerpo y no puede detenerse, así que continúa conduciendo. Cuando puede mirar a su hermana desde su terror le pregunta qué es lo que ha pasado, deseando que le diga que ha sido una alucinación: “Era el torso de un hombre descuartizado, Sayak, esto es Tijuana”. La respuesta llega sin miedo, sin asombro. Esa escena dolorosamente real es la semilla de Capitalismo Gore, el ensayo de Sayak del que hablamos ahora, en el espacio de seguridad virtual de un café librería en Madrid.
“Nos están matando, nos estamos matando, nos regocijamos y consumimos y seguimos alimentando el engranaje capitalista. Pero el engranaje capitalista ya no está solo fuera, en el espacio del consumo, sino que está dentro y también está haciendo de nuestros cuerpos productos de consumo en una forma muy violenta y explícita”
¿Por qué capitalismo gore?
Es evidente que el capitalismo es gore. El capitalismo gore es un secreto a voces y había que decirlo en alto, había que ponerle un apellido al término capitalismo que fuera suficientemente popular en la cultura. La palabra gore, la pronunciemos en castellano o en inglés, tiene una representación en las cabezas de la gente, es una invocación a una imagen muy concreta de desmembramiento, derramamiento injustificado de sangre, que pasa también a través del cuerpo y que le pasa sobre todo a los cuerpos.
La destrucción de los cuerpos era una de las grandes preocupaciones de mi trabajo. Nos están matando, nos estamos matando y nos estamos haciendo daño y nos regocijamos a través de eso y consumimos y seguimos alimentando el engranaje capitalista. Pero el engranaje capitalista ya no está solo fuera, en el espacio del consumo, sino que está dentro y también está haciendo de nuestros cuerpos productos de consumo en una forma muy violenta y muy explícita.
Quería también hablar de algo un poco terrible y colonial: la idea de barbarizar al otro. Lo gore siempre lo hacen aquellos que se supone que no están civilizados, aquellos que están por detrás de lo legítimo. En el caso del narcotráfico en México, estos sujetos no legítimos que legitiman su poder y su masculinidad a través del uso explícito de la violencia.
Y también era un juego porque era decir: ¿Es igual de gore que lo hagas con un machete o que lo hagas con un AK 47 a que estés desviando fondos de las pensiones de la gente del primer mundo? Estás destruyendo el cuerpo de esta gente de otras maneras, y eso también es muy gore, pero es gore de cuello blanco.
Este capitalismo gore, ¿es algo propio de los países considerados “tercermundistas”?
No, lo quise acotar en México y en el tercer mundo, siendo consciente de que “tercer mundo” es un término políticamente incorrecto. A mí me causa muchísimo interés y curiosidad que para términos como primer mundo o tercer mundo se utilicen disfraces lingüísticos como “países en vías de desarrollo” para ocultar una realidad que sigue siendo tercermundista. Es curioso que se haga eso pero que en cambio haya tanta resistencia a cambiar estereotipos sexistas en el lenguaje. Me da mucho que pensar cómo ciertas herramientas para cambiar el contenido simbólico de las palabras no funcionan cuando se enfrentan al sexismo y al machismo, pero cuando se aplican a realidades económicas ilegítimas, de alguna manera sí se pueden cambiar. Habla mucho de la autoridad, de quién está autorizado para cambiar los términos y por qué.
El primer mundo está plagado de un devenir tercermundista, los grandes ejes económicos y lo que conocemos como países desarrollados, conviven con un espacio físico, simbólico y poblacional que está tercermundizado. La violencia gore no es solo sólo propiedad de países lejanos del tercer mundo, sino que también se ejerce en el primer mundo de una manera distinta. Para mí, la precarización económica en la que vive el primer mundo ahora obedece no a que el sistema haya colapsado de un día para otro, sino a las lógicas del Reaganismo y del neoliberalismo feroz que se empiezan a aplicar como biopolítica en los años 80. Como dice David Harvey, el capitalismo nunca resuelve sus crisis, sólo las desplaza geopolíticamente. Como cuando echas la basura al patio del vecino, y luego al del otro vecino… Va a haber un momento en el que ya no se va a poder echar la basura a otro sitio y vas a tener que quedarte con la tuya, y eso es lo que está pasando con la crisis económica.
Entonces es de suponer que el quehacer empresarial del capitalismo gore también se va a deslizar geopolíticamente al primer mundo…
Claro, y de hecho ya está: todas las mafias, la rusa, la chechena, la italiana están en Europa desde hace 200 años. Es curioso, en el siglo XVI nace la mafia en España y es uno de los brazos adyacentes de la iglesia. Es la iglesia la que crea una rama para cobrar los favores del rey de manera violenta, pagas porque golpeen a alguien, porque le maten… Y eso lo cobra la iglesia. Luego llega la camorra italiana.
A partir de la desestructuración de la URSS y la guerra de los Balcanes, la gente empezó a entrar en el crimen como espacio de empoderamiento porque no había nada más. No digo que sean solo los países del Este los que tienen el copyright sobre la mafia. Aquí toda la Costa del Sol española está masificada de especulación que es inversión para lavar dinero, y viven un montón de mafiosos, es como el lugar de descanso de la mafia.
Además, en el primer mundo hay un espacio de consumo gore muy fuerte: por un lado las drogas, pero no solo eso, el ocio espectacularizado sobre la violencia y el asesinato en otros países, y un culto y una glamourización de los criminales, los videojuegos, el cine, las series…
“Ser un macho legítimo pasa por ser un hombre que es proveedor económico, pero también por practicar la violencia de baja intensidad o alta intensidad al relacionarse con el otro. No hay posibilidades de agenciamiento para los chavales al margen del crimen”
¿A qué te refieres cuando hablas de sujetos endriagos?
El endriago es un personaje de las novelas de caballería española del siglo XVI, un monstruo contra el que lucha Amadís de Gaula, que es el hombre legítimo blanco, conquistador, esta arquetipización del género y del poder en esa época donde se estaba fraguando la colonización de Latinoamérica.
Hay una descripción del endriago como un monstruo que está fuera de sí, y vive en territorios que no sería posible habitar. Cuando yo leo esa descripción pienso que esos territorios son muy parecidos a las fronteras mexicanas: desérticos, agrestes, peligrosos…
El endriago es un ser bastante violento, un monstruo en sí, pero me dí cuenta de que también es una descripción del otro. Se animaliza al otro, se le bestializa para poder oprimirlo y legitimar sus políticas de colonialización.
Es como yo denomino a la clase criminal internacional y al proletariado gore, a todos aquellos que se dedican al crimen para poder tener una legitimidad económica, un empoderamiento económico y una participación en la masculinidad hegemónica. La construcción de lo masculino en México, pero también de la masculinidad en general, es un espacio muy reglamentado, jerárquico, con los presupuestos bastante inmóviles e inmovilizantes para quien quiera detentarlos, y que tiene muchas cláusulas, aunque las que se repiten constántemente en la mayoría de las culturas pasan por el empoderamiento económico.
Ser un macho legítimo pasa por ser un hombre que es proveedor económico, pero también por practicar la violencia de baja intensidad o alta intensidad al relacionarse con el otro. Tienen que despreciar la vida, la suya y la del otro, la de las mujeres, los débiles. Es alguien que no puede expresar sus sentimientos de una manera que no pase por la soberbia y por el despliegue de violencia.
En un espacio donde no hay posibilidades de agenciamiento al margen del crimen, cuando los chavales no tienen un proyecto de vida, y además se les exige el hiperconsumo, que sean válidos, no tengan miedo, sean machos… La patria mexicana está construída en base al arquetipo posrevolucionario del macho. ¡Pues claro que tus criaturas te van a devorar! ¡Tú las creaste, ahora hazte cargo!.
Mientras no repensemos la construcción de los géneros, que son términos binarios, inmóviles e inmovilizantes, esto se va a seguir desestructurando.
¿Hay alternativas o vivimos un devenir inevitable hacia el capitalismo snuff?
Alternativas siempre puede que haya. En un principio yo quería ponerle nombre a estas cosas, necropolítica, capitalismo gore, sujetos endriagos, transfeminismo… En México, mi propuesta empieza por la educación no sexista, la reformulación de los códigos de género, y desde ahí, pasa por tres etapas que me parecen importantes:
revisar de manera crítica la manera en que performamos feminidad y masculinidad y su relación con la violencia. Después, descolonizarnos mentalmente, no sólo económicamente, porque hay mucho racismo y xenofobia internalizada. Y por último, no tener miedo a que el feminismo sea una herramienta de construcción de discurso; es algo que nos va a ayudar a vernos desde otro sitio.
“Mi propuesta: revisar cómo performamos feminidad y masculinidad; descolonizarnos mentalmente y no tener miedo a que el feminismo sea una herramienta de construcción de discurso”
Lo primero, revisar de manera crítica la manera en que performamos feminidad y masculinidad y su relación con la violencia. Después, descolonizarnos mentalmente, no sólo económicamente, porque hay mucho racismo y xenofobia internalizada. Y por último, no tener miedo a que el feminismo sea una herramienta de construcción de discurso; es algo que nos va a ayudar a vernos desde otro sitio.
La gente se está moviendo, ya son 40.000 muertos en los últimos tres años y eso es muchísimo, y creo que la gente tiene mucho miedo pero están empezando a hablar y hay mucha inquietud por cambiar las cosas. Se están empezando a organizar ciudadanamente y creo que el pelear por los derechos civiles que hemos tenido pero se nos han ido arrebatando también pasa por ahí. Existen soluciones, pero hay que ser muy locales, trabajar en lo comunal, en lo comunitario, en cambiar el rostro de tu pequeña comunidad y decir que estas democracias de escaparate tienen que dejar de ser de escaparate y comenzar a cumplir sus funciones.
Los criminales han tocado a las altas esferas, ya no es sólo la gente de a pie, y de alguna forma también es un: “Ya no tienes el poder, ahora lo tenemos nosotros”. Y la cosa es cómo usan ese poder, es un poder que no es un espacio de reivindicación, sino una distopía, porque sobre todo se basa en el machismo y en la violencia.
Es una insurreción económica…
Sí, es como un espacio de postcolonialismo in extremis a través de la violencia, y son subjetividades contradictorias, pero este hecho hace que otras personas se levanten desde otros lugares y hagan agenciamientos.
¿Hay capacidad de respuesta desde los feminismos?
Yo creo que la respuesta empieza desde el discurso, porque en México nos estaba pasando algo pero no tenía nombre. Por eso escribí Capitalismo Gore, porque me estaba pasando algo en el cuerpo pero no tenía nombre. Cherry Moraga dice: “El silencio es como el hambre, no sabes pero te pasa, y te pasa por el cuerpo”. Y pensé que si me estaba pasando a mí le estaba pasando a mucha gente, que hay un espacio de miedo endémico que hace que te encierres, que estés asustado y estresado.
Los feminismos pueden combatirlo desde varios lugares, los feminismos latinoamericanos y mexicanos tienen muchas particularidades y a mí me parece muy interesante el lugar del agenciamiento. En el norte el contacto con la muerte es muy directo, los asesinatos y las mafias… Así que el feminismo norteño tiene un aspecto más práctico, menos discursivo y más asentado en la acción. El feminismo del centro tiene más que ver con una articulación y un discurso que a mí también me parece necesario, y el feminismo indigenista pasa por la conservación de ciertas tradiciones y el respeto hacia la tierra, y siempre va a tener un discurso diferente, porque estas mujeres también tienen una relación muy cercana con la violencia, representan lo que nadie quiere ser: pobres, indígenas y mujeres. En la configuración del estado y de la legitimidad, estas tres cosas no entran, ni existen. Hay muchas personas fuera de ese sistema, todo el país es “el otro”. En realidad, lo único que tenemos que quitarnos es el disfraz del blanco, el rollo del travestismo racial que tenemos es terrible, y hay cosas más importantes por las que pelear.
Si esto es algo que se siente en el cuerpo y a lo que no se le puede poner nombre, ¿hay un espacio de resistencia también en el cuerpo?
Sí, es algo que tiene nombre pero no tiene uno solo, son muchos nombres, dependiendo de las especificidades de cada cuerpo. Yo como mujer fronteriza, mestiza, tengo unas especificidades, pero los cuerpos sí son cuerpos de resistencia. Cómo resolver la vulnerabilidad del cuerpo es algo que por un lado nos conecta a todos, y ahí es donde me interesa llegar. Que maten a otro significa que tú puedes ser el próximo y que todas y todos hemos sido lastimados en algún punto de nuestra vida, de una manera u otra y todos sabemos que el dolor es un espacio de contacto.
“Hay que pensar el dolor como un espacio político, la vulnerabilidad del cuerpo como un espacio de empatía, y decir: ¡Es importante, mi cuerpo es importante, y el tuyo, y no vamos a permitir que nos maten!”
Por eso hay que pensar el dolor como un espacio político, la vulnerabilidad del cuerpo como un espacio de empatía, y decir: ¡Es importante, mi cuerpo es importante, y el tuyo, y lo que no vamos a permitir es que nos maten, porque cuando te matan te lo quitan todo! Es una cosa muy obvia, pero a mí me interesa trabajar con lo obvio, porque es tan obvio que ha dejado de ser importante.
Se trataría de crear redes de empatía cuerpo a cuerpo…
Sí, es pensar más allá del prejuicio moral. Y yo trabajaría los núcleos duros de los movimientos, sobre todo la izquierda, porque a mí no me interesa hacer diálogo con la derecha. Para mí los dos núcleos duros para pelear son la homofobia y el machismo en la izquierda. Si trabajamos desde esos dos lugares, podemos hacer cosas con ellos y con nosotras, y con los demás, pero que se lo cuestione todo el mundo hacia dentro y hacia fuera. No es sólo la manera en la que me han oprimido, sino en la que yo he oprimido también.
Las alianzas no tienen que ver con casarte con nadie ni con estar de acuerdo en todo lo que se diga, sino con algo estratégico. Esta es mi lucha ahora, y me interesaría trabajar contigo por esta meta común. Proyectos concretos, no todo para todos siempre. Los todos, libertad, democracia… hay que revisarlos con cuidado, porque muchas veces nos los dan y no sabemos ni lo que quieren decir.
Hablas de transfeminismo. ¿Podrías explicar a qué te refieres?
Los transfeminismos. La manera en que yo ejercito el transfeminismo es muy concreta. Hemos empezado a fraguar la idea a partir de muchos encuentros, muchas ponencias, mucho diálogo… Se ha empezado a hablar de transfeminismo comoforma de revisitar el feminismo y la teoría queer, y repolitizar ambas cosas. Aunque el feminismo siempre ha estado politizado, pero vamos a repolitizarlo y a situarlo en el Estado Español, y vamos a articular una lucha consciente en la que el sujeto no sea sólo el cuerpo que ha sido denominado como femenino, sino también lxs migrantes, lxs transgénero, y con otros tránsitos, otras desobediencias posibles a los sistemas de poder sobre los devenires minoritarios, contra el devenir mujer, sobre estas opresiones que el capitalismo nos inscribe en el cuerpo.
Porque los varones también empiezan a estar precarizados, económica y emocionalmente, y ahí yo hablo de un espacio de devenir mujer en la masculinidad. El transfeminismo es un espacio de alianza con esos cuerpos periféricos, que no se adscriben al sistema de poder y pueden hacer una crítica. Pero a mí el transfeminismo sin feminismos, sin el devenir mujer, no me interesa. Puedes ser de la diferencia o de la igualdad… Lo importante es el agenciamiento que haces.
¿En qué estás trabajando ahora?
Estoy trabajando con masculinidades, porque como sudaca y como mujer, con esta ambición antropológica de quién es legítimo para estudiar a otros, yo no lo sería. A mí me interesa estudiar las masculinidades, porque yo estaría muy lejos de todo esto, pero me parece que la performance de la masculinidad es un espacio muy interesante y quiero saber de qué va. Y con una cosa que estoy empezando a denominar emogore.
Algo había oído de una novela…
Se llama “A drift`s book”. Que es algo así como el libro de los naufragios, aunque adrift es también alguien que está por ahí sin rumbo, como un nómada. Y es el libro sin rumbo. Es también una novela que juega mucho con los géneros, y con el género literario. Es un detective trans de femenino a masculino. Es transexual porque se ha reasignado, aunque él dice que se ha resignado: después de reasignarse se da cuenta de que no es un hombre, que no sabe qué es un hombre y nunca ha sabido qué es una mujer.
Puedes comprar Capitalismo Gore en la web de la editorial Melusina
martes, 12 de julio de 2011
Capitalismo Gore en TIGER MAGAZINE, July 2011
Lady Gaga ha anunciado que Monster, su primer perfume en el mercado, olerá a sangre y semen. ¿A quién crees que evocará el aroma: al muerto o al asesino? ¿Lees la iniciativa comercial como un juego de transgresión perverso, o como una frivolidad pop?
Creo que la iniciativa obedece a una lectura avant la lettre del contexto occidental y su lógicas neo-liberalista y hedonista. Que un perfume huela a sangre y semen no es otra cosa que una reafirmación simbólica de que para estar in -ser pertinentes socialmente- debemos parecernos o estar supeditados a la masculinidad hegemónica y su violencia explícita en una especie de travestismo olfativo. Lady Gaga no propone un producto sino un dispositivo biopolítico que sigue legitimando a la masculinidad como espacio de deseo. Disfraza de frivolidad pop todo un orden social patriarcal.
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